La peligrosa ambigüedad del presidente Luiz Inácio Lula da Silva

ARTICULO DE OPINION.
Desde que el Comandante Supremo Hugo Chávez, asumió la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, encabezó un proceso político que demostró que sí era posible construir otra sociedad donde se reivindicaran los aspectos básicos de la vida humana, apostando por una democracia con participación directa y protagónica donde el pueblo y las masas son agente de su propia transformación. Inició un periplo popular Latinoamericano, sustentado en el ideario de nuestro Libertador Simón Bolívar, desafiando la avalancha neoliberal; promoviendo la unidad e integración regional para confrontar conjuntamente los desafíos de la historia, en la época donde se daba por sentado que había llegado el “fin de la historia” anunciado por Fukuyama, o la “tercera vía” que imponía el unilateralismo del imperio estadounidense como la única vía hacia el progreso de la humanidad.
Por un tiempo, el Comandante Supremo Hugo Chávez, transito en solitario difundiendo la idea histórica de la unidad e integración regional a partir de los valores como la solidaridad y la cooperación; que no sólo responden al orden histórico interlatinoamericano sino también a los contextos nacionales de la región. Fue así como la idea revolucionaria del Comandante Supremo Hugo Chávez fue entretejiendo de manera dialéctica y recíproca las necesidades nacionales con las regionales, y convidando a líderes de la región que lo acompañaran como fue al inicio el Comandante Fidel Castro.
El movimiento revolucionario internacional encontró en el Comandante Supremo Hugo Chávez, su más fiel defensor; y a medida que se desarrollaba surgían gobiernos progresistas que se alineaban a contrarrestar las políticas neoliberales y colonialistas de los Estados Unidos (EE. UU.) que intentaba revivir su doctrina Monroe. Así fue como los gobiernos de Brasil, con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, y el de la República Argentina con el presidente Néstor Kirchner; asumieron roles decisivos y protagónicos en la propuesta de la unidad latinoamericana que venía promulgando el Comandante Supremo Hugo Chávez. La confluencia de estos tres líderes, hermanados con una firme vocación de una necesaria integración para que la región pudiese afrontar de manera eficaz un momento de convulsión económica, política y social como el que significó el inicio del siglo XXI para nuestros países; fue crucial para enfrentar las intensiones hegemónicas de EE. UU. que seguía viendo a los países latinoamericanos como su “patio trasero”, proveedores de materia prima barata y energía para saciar su sed capitalista. De ese modo en la IV Cumbre de las Américas, en Mar del Plata 2005; el rol del Comandante Supremo Hugo Chávez, acompañado de los ex presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva; fue categórico para decir: “No al ALCA”, y que fuera bisagra para resurgir una nueva concepción de comercio bajo un nuevo contexto de integración regional autónoma para América Latina y el Caribe; en lugar de la propuesta de EE. UU. sobre el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), como una forma de integración que buscaba cubrir sus propios intereses en detrimento del bienestar de los países latinoamericanos. Con la frase: “!ALCA, ALCA, ALCARAJO!”; el Comandante Supremo Hugo Chávez en Mar del Plata presagio la mayor derrota de la diplomacia de EE. UU. en el continente.
Esa unidad entre el Comandante Supremo Hugo Chávez, y los ex presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva; aportaron un sólido momento regional que permitió la creación de organismos multilaterales, con beneficios colectivos en defensa de los intereses de cada país del Sur Global; como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en 2008 y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en 2010.
La economía de Brasil en el 2008 vivió momentos de vulnerabilidad ante las inestabilidades económicas internacionales. El comercio bilateral que se llevaba entre nuestro país y el hermano país de Brasil, hizo que los daños por la crisis de ese año fueran relativamente modestos, y un año más tarde -2009- ese país salió vencedor en las disputas por recibir los juegos olímpicos, importante evento deportivo que estaban en tela de juicio por la economía interna de Brasil.
El ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva expresó un apoyo total al Comandante Supremo Hugo Chávez, en las elecciones presidenciales de octubre de 2012, donde resulto reelecto. «Solo con el liderazgo de Chávez, el pueblo realmente ha tenido conquistas extraordinarias. Las clases populares nunca fueron tratadas con tanto respeto, cariño y dignidad. Esas conquistas deben ser preservadas y consolidadas. Chávez, cuente conmigo, cuente con la solidaridad y apoyo de cada militante de izquierda, de cada demócrata y de cada latinoamericano. Tu victoria será nuestra victoria», declaro el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva tras el triunfo del Comandante Supremo Hugo Chávez.
La partida física del Comandante Supremo Hugo Chávez, y la llegada al poder de factores políticos conservadores en la República Argentina y en la República Federativa de Brasil; sucesores de los ex presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva, respectivamente; hizo que esa relación tripartita se desvaneciera y se paralizaran los avances en materia de integración regional.
Luiz Inácio Lula da Silva, después de su segundo mandato presidencial; fue llevado a juicio por cargos de corrupción y encarcelado en marzo del 2016. El pueblo venezolano y el presidente Nicolás Maduro, levantaron su voz de protesta ante esa injusticia y repudiaron las injurias que se pretendieron tejer en torno a la figura del líder obrero y luchador de las causas justas de los pueblos, Luiz Inácio Lula da Silva. El desarrollo del juicio dio lugar a que en julio de 2019 la Corte de ese país dio la orden de liberarlo y librarlo de los cargos que se le imputaban.
Con el triunfo del presidente Gustavo Petro en la República de Colombia (2022), y Luiz Inácio Lula da Silva en la República Federativa de Brasil (2023), se encendió de nuevo la luz de la integración regional en Sudamérica, con la nueva tripartita, entre estos presidentes y el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva llega a la presidencia de Brasil el 1 de enero del 2023, tras el triunfo en las elecciones del 2022 contra el entonces presidente ultraderechista Jair Bolsonaro, asumiendo un tercer mandato después de una década, cuando estuvo en dos periodos a cargo de la presidencia de ese país. Con el argumento de que existían “dudas” en los resultados electorales de la segunda vuelta, en la cual el presidente Luiz Inácio Lula da Silva resulto ganador con un margen “muy pequeño” contra el entonces presidente Jair Bolsonaro, este junto a sus seguidores y algunos miembros de las Fuerzas Armadas de ese país, propiciaron un intento de golpe de Estado asaltando las instituciones democráticas como la sede del Ejecutivo, la Corte Suprema y el Congreso, para boicotear el proceso de transición de poder al presidente electo Luiz Inácio Lula da Silva y mantener a Jair Bolsonaro en la presidencia de Brasil. El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, a través de un comunicado, expresó su solidaridad con el pueblo de la República Federativa del Brasil, con su presidente Luiz Inácio Lula da Silva y con todas sus instituciones democráticas ante el intento por parte de fuerzas violentas de subvertir el orden constitucional y solicitar una intervención militar. “Vemos con estupor y preocupación las acciones emprendidas por grupos fascistas y de extrema derecha, que aupados por sus líderes dentro y fuera del país, intentan desconocer el resultado de las elecciones democráticas… y buscan atentar contra la paz social y política del hermano pueblo brasileño, su gobierno y toda la región”; rezaba el documento oficial de la cancillería venezolana.
En mayo del 2023 se llevo a cabo la Cumbre de Presidentes Sudamericanos en Brasilia, a la cual fue invitado el presidente constitucional Nicolás Maduro y recibido con honores en el palacio de Planalto por su homologo brasilero, presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Ese encuentro significativo tildo con éxito la rehabilitación diplomática y el reinicio de las relaciones bilaterales, que habían sido vetadas por los gobiernos conservadores que antecedieron el tercer mandato del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Se trataron aspectos de interés para retomar la agenda de cooperación bilateral, en sectores como energía, medio ambiente, agricultura e industria; que logre una mayor integración económica, cultural y social de los países sudamericanos.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva condeno las sanciones impuestas por EE. UU. y Europa a Venezuela; y criticó reciamente la postura de los países europeos y de EE. UU. de apoyar a Juan Guaidó como dizque presidente interino en su momento. En su discurso de bienvenida, el mandatario líder de la izquierda brasileña, resalto el “momento histórico” del encuentro con su homologo venezolano, y rechazo la campaña feroz de descredito y prejuicios que se han levantado sobre el gobierno bolivariano que han pretendido mostrarlo como un gobierno “antidemocrático y autoritario”, y exijo a los líderes mundiales por el respeto a la soberanía del pueblo venezolano.
“Lo que nos reúne hoy en Brasilia es un sentimiento de urgencia: la urgencia de volver a mirar a nuestra región como una sola, la determinación de redefinir una visión común y relanzar esfuerzos concretos hacia el desarrollo sostenible, la paz y el bienestar de nuestros pueblos.”, expreso el mandatario brasilero. La integración sudamericana es crucial para fortalecer la unidad de América Latina y el Caribe, agregó: “Una Sudamérica fuerte, confiada y políticamente organizada amplía las posibilidades de afirmar una verdadera identidad latinoamericana y caribeña a nivel global”.
El mandatario brasileño lamentó la ruptura de los principios de política exterior de la administración que lo antecedió, y el cierre de fronteras con socios históricos: “Esta resultó decisiva para que el país se desentendiera de las grandes cuestiones que afectan a la vida cotidiana de nuestros vecinos. Permitimos que las ideologías nos dividieran, interrumpimos los esfuerzos de integración y abandonamos los canales de diálogo y los mecanismos de cooperación. Como resultado, todos perdimos”.
La fraternidad y hermandad que afloro en el palacio de Planalto, Brasilia; y las palabras que enarbolo en relación a retomar la “batuta” de la integración sudamericana, parecen esfumarse ante la postura ambigua el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
Tras los resultados de las elecciones presidenciales del pasado 28 de julio en nuestro país, donde resulto reelecto el presidente Nicolás Maduro; el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, aseguró que no reconoce la victoria del presidente Nicolás Maduro ni acepta el dizque triunfo del candidato opositor, Edmundo González Urrutia.
La postura anfibológica que ha venido asumiendo el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se evidencio en la dudosa situación de salud que le impidió asistir a la reciente cumbre de los BRICS+ (Brasil-Rusia-India-China-Sudáfrica), en Kazán-Rusia, para no dar la cara y hacer que el veto de Brasil impidiera que Venezuela, miembro observador por ahora; se incorporara como miembro pleno de esa organización.
La traición y sentimientos de los detractores del libertador Simón Bolívar, hoy se encarnan en la figura del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien con actitud de “medias tintas”, en contra de su propia ideología; ha quebrantado la fe del pueblo brasileño que lo eligió por su liderazgo y “luchador de las causas justas de los pueblos”, y ha fragmentado los principios y valores fundacionales de los BRICS+, grupo conformado por lograr una integración real del Sur Global y la construcción de un sistema internacional multipolar estable, próspero y seguro para los pueblos del mundo. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha traicionado el ideario de la integración Latinoamérica, al pueblo venezolano que le ha apoyado y respaldado, y al presidente Nicolás Maduro, conductor del legado del Comandante Supremo Hugo Chávez, quien le ha demostrado ser un amigo fiel. La siguiente pregunta asalta la mente de los revolucionarios latinoamericanos: ¿Qué intereses se esconden detrás de la peligrosa ambigüedad del presidente Luiz Inácio Lula da Silva?.
Alfredo González. Trabajador Petrolero