Nayib Bukele llegó al poder en junio de 2019 con la promesa de luchar contra el crimen organizado
Efectivamente, las cifras muestran que la tasa de asesinatos disminuyó constantemente desde que asumió el cargo. Por ejemplo, en 2021 se registraron 1.147 homicidios, mientras que en 2017 fueron 3.962.
La caída de los homicidios le valió a Bukele un repunte de popularidad: en diciembre, un 85% de los Salvadoreños dijo aprobar su gestión, según un sondeo de La Prensa Gráfica. Un mecanismo previsible según Verónica Reyna, directora de Derechos Humanos del Servicio Social Pasionista: «Los gobiernos, al no poder responder de manera estructural a las causas que generan la violencia, recurren a este tipo de respuesta porque les genera popularidad con una población que espera una respuesta inmediata».
Un punto de vista compartido por el investigador de Human Rights Watch Juan Pappier: «Hemos visto una baja en los homicidios en los últimos días, pero no sabemos si es consecuencia de las políticas draconianas del régimen de Bukele. Lo cierto es que en El Salvador las maras cuentan prácticamente con un «switch» o válvula, y deciden aumentar o disminuir los homicidios a total discreción».
Los dos expertos coinciden en que una política eficiente debería atacar las causas estructurales de la criminalidad y de la pandillas: «En el mediano plazo, una política que busque frenar la violencia en El Salvador debería estar centrada en desmantelar a estos grupos de forma sostenible y otorgar oportunidades a los jóvenes salvadoreños para que no vean a las maras como su única oportunidad», concluye Pappier.
A pesar de todas las críticas recibidas Nayib Bukele, sigue firme en su decisión de combatir las bandas de pandilleros, solicita que ayuden al Salvador, en lugar de realizar críticas en el saneamiento que se está haciendo actualmente.
Se sabe que en El Salvador operan aproximadamente 70.000 pandilleros.